Sorprender a los niños - Mensajes Mágicos

Sorpresas para niños

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¿Recuerdas alguna buena sorpresa que hayas dado a alguien? ¿Y la cara que se le quedó? Seguramente, tanto tú como la persona que la recibió, recordaréis durante años y años aquel momento tan especial.

Sorprender es una de las acciones que más nos gusta hacer y que nos hagan, bueno, maticémoslo, siempre y cuando sea una grata sorpresa.

¿Entonces, la sorpresa puede ser buena o mala?

La sorpresa en sí es una emoción neutra, es decir, no es ni positiva ni negativa. Ahora bien, después de experimentarla y quedarnos con la “mente en blanco” intentando entender lo que está ocurriendo y preparándonos para actuar, se desencadena otra emoción. Tal y como comenta la psicóloga M. Alejandra Castro en La Mente es Maravillosa “la sorpresa actúa como prólogo o preludio de otra emoción”. Así que, según el contexto, después de sorprendernos podemos experimentar tristeza, alegría, ira…

Pero, exactamente…

 

¿Qué es la sorpresa?

La sorpresa es una emoción impactante y efímera que experimentamos ante un acontecimiento inesperado y repentino. En este artículo nos centraremos en aquellas sorpresas que desencadenan emociones positivas, aquellas que nos tocan tanto que cuando intentas recordarlas detalle a detalle se te crea una sonrisa casi involutariamente.

Según Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la UAB, en el momento en que experimentamos sorpresa, el cerebro libera dopamina, la cual nos hace aumentar nuestra motivación.

Además, se ha investigado que el efecto sorpresa, al poner a nuestro cuerpo en alerta, induce al cerebro a elaborar ciertas proteínas (neurotransmisores) que ayudan a encontrar la mejor solución ante la novedosa situación. De esta forma, la sorpresa puede fomentar la curiosidad, el interés a descubrir la novedad, y por consiguiente, el aprendizaje.

 

Aprendizaje y valores a través de la sorpresa
Aprendizaje y valores a través de la sorpresa
Foto: Alora Griffiths de Unsplash.com

Si has respondido “sí” a la pregunta del principio no es de extrañar. La sorpresa tiene un efecto directo en la memoria. Según el investigador Fabricio Ballarini, todo aquello que vivimos una hora antes y una hora después al hecho sorpresivo se queda fijado con más firmeza en nuestra memoria. De ahí que sea normal que tengamos un recuerdo más nítido de algún día que pasó algo sorprendente, un hecho imprevisto que nos rompe la rutina, que de un día “normal y corriente”.

Sin embargo, actualmente recibimos constantemente tal cantidad de estímulos que cada vez nos cuesta más sorprendernos. Puede que sea por esta razón que nos encante observar los gestos y las caras de sorpresa de los niños. Al menos a mí, me transmiten tanto que hacen que yo también viva su sorpresa. Para los más pequeños todo es asombro, es un experimento contínuo, pero a medida que van creciendo parece que cuesta más impresionarles. Cuando llegamos a la adultez, es como si nos contagiara una especie de apatía que nos impide sorprendernos. Como si se fuera apagando aquella luz que llevábamos de pequeños con nosotros y que nos hacía querer indagar, descubrir y saber más de todo lo novedoso.

Quizás estamos olvidando a enseñar a los niños que de lo más aparentemente simple y sencillo también se puede experiementar la emoción de sorpresa. Creo que no hace falta ir de viaje a la otra punta del mundo para vivir un gran momento en familia, o comprar la “supermega” consola para que nuestros niños se sorprendan. Si lo queremos/podemos hacer, perfecto, pero no es requisito indispensable para inducir esta emoción a los niños.

La mayoría de estímulos que reciben los niños provienen de la tecnología. Recordemos, por un momento, de pequeños, lo excitante y emocionante que podía ser el hecho de tener en casa un gusano de seda, cuidarlo durante días y días hasta que se convertía en mariposa. Un proceso precioso pero que requería esfuerzo para alimentarlo, mantenerlo en buenas condiciones, y al final, poder ver el nacimiento de una mariposa en directo. Ahora, en menos de dos minutos el niño es capaz de buscar en la tablet “nacimiento mariposa” y ver la metamorfosis completa de crisálida a mariposa al instante. ¿Con qué experiencia te quedas tú?

No estoy diciendo que la tecnología sea perjudicial para los niños, pero es importante no sustituir aquellos momentos mágicos, como puede ser el nacimiento de una mariposa, por verlo en un minuto desde la tablet apalancados en el sofá de casa.

Al final, si invertimos nuestro tiempo en vivir momentos con los niños, experimentando nuevas actividades, estaremos aumentando la probabilidad de poder sorprenderles, desarrollando su capacidad de imaginación y aprendizaje, y creando fuertes lazos emocionales. Entonces, ¿a qué esperamos para sorprender a nuestros niños?

 

Ideas para sorprender a tus niños

  • “El pequeño detalle”: se trata de coger un objeto pequeño que, en principio, no tendría por qué sorprenderles pero cambiándolo de contexto seguramente consigues producir ese efecto sorpresa del que hablamos. Coger una concha de la playa y hacer un colgante con ella (seguro que en todo el verano no se la quitan de encima), pintar una piedra chula (yo era de las que hacía amuletos de la suerte de todas las piedras bonitas que encontraba en la playa)…
  • (Re)Buscar en el baúl de los recuerdos: seguramente tienes algún bonito recuerdo de cuando eras pequeño/a (como para mí, la vivencia de la transformación de gusando a mariposa) y que tus niños no han vivido aún. Por ejemplo, enséñales el rebote de las piedras en un lago, a hacer un muñeco crece-pelo con hierba, a enviar una postal o carta durante las vacaciones a su mejor amigo/a, a jugar al tradicional juego de la rayuela o castro…
  • Acción sorpresa: Por ejemplo, un día a la semana ponerles de desayuno algo que les guste mucho sin decírselo. O, el día que sepas que han hecho algo bueno o se han portado como deben, dejarles escoger un postre más especial.
  • Juegos al aire libre: ir de picnic toda la familia y jugar, jugar y jugar. Siempre podemos recurrir a aquellos juegos para los cuales no necesitábamos casi nada y nos lo ¡pasábamos bomba! Ejemplos: la gallinita ciega, juego de las películas, el pañuelo, esconder algo y guiar con el “caliente o frío”, el “arranca cebollas” (como lo odiaba…), el escondite…

 

Parecerá un tópico pero es real. Casi siempre llegamos a la misma conclusión, se trata de hacerles valorar más los momentos cotidianos que pasamos juntos que las cosas materiales “de más valor monetario”. Nos llena más y recordamos con mayor claridad a aquellas personas que vinieron a “tal fiesta de cumpleaños” que los juguetes que nos regalaron cada una de ellas. Aprovechemos el día a día para que nuestros niños aprendan todo lo que puedan a través de la sorpresa. ¡No dejemos escapar los momentos más aparentemente simples para sorprenderles!

 

¿Ya sabes cómo sorprender a tus niños próximamente? ¡Comparte con nosotros, en comentarios, qué sorpresa tienes pensada hacer o ya has hecho a tus peques! 🙂

 

Referencias utilizadas:

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